Curso de Pases en el XXIII Congreso Espírita Nacional

octubre 20, 2016

Organizado por la Comisión de Formación de la Fee, tendrá lugar durante la celebración del XXIII Congreso Espírita Nacional, un curso de pases dirigido a trabajadores espíritas y no espiritas, simpatizantes y cuantos estén interesados en conocer esta materia.

No podéis faltar!! Aún hay plazas libres!!

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¿Qué es MEDIUM?

septiembre 12, 2016

La Desencarnación

julio 25, 2016

Curso: La Práctica Mediúmnica

julio 24, 2016

Os dejamos los vídeos resumen del  fantástico Curso ofrecido en Madrid, los pasados días 25 y 26 de junio, por la Comisión de Formación de la Federación Espírita Española.

Resúmenes y Conclusiones: Libro de los Médiums

abril 16, 2016

flores-primavera-L-WLMXQYCAPÍTULO XIII: DE LA OBSESIÓN

Entre los escollos que existen en la práctica del Espiritismo está la obsesión, es decir, al dominio que algunos Espíritus suelen ejercitar sobre ciertas personas.

Se trata en todos los casos de Espíritus inferiores que intentan dominar, dado que los buenos Espíritus no imponen cosa alguna.

Los buenos Espíritus aconsejan y luchan contra las influencias de los malos y cuando no se les escuchan, se retiran.

Los malos Espíritus por el contrario se apegan a los individuos a quién pueden convertir en sus víctimas, y si logran dominar a alguien se identifican, es decir, “afinan” con el espíritu de esa persona conduciéndola como si se tratara realmente de un niño.

La obsesión presenta características diversas, que resultan del grado de intensidad y de la índole de los efectos que produce.

La palabra obsesión es en cierto modo un término genérico mediante el cual designamos a ese tipo de fenómenos cuyas principales variedades son:

Obsesión simple: Tiene lugar cuando un espíritu dañino se impone a un médium inmiscuyéndose a su pesar en las comunicaciones que recibe y la impide comunicarse con otros espíritus, reemplazando a aquellos a quienes se evoca.

El mejor de los Mediums se haya expuesto a eso, sobre todo en los comienzos, cuando ni tiene experiencia, así como entre nosotros las personas más honradas pueden ser embaucada, así pues se puede estar engañado sin estar obseso.

La obsesión reside en la tenacidad del espíritu del que es imposible desembarazarse.

En la obsesión simple, el médium sabe que tiene que vérselas con un espíritu embaucador, y éste no se oculta, por lo tanto, éste género de obsesión es sólo desagradable.

Podemos clasificar dentro de esta categoría los casos de obsesión física, es decir, manifestaciones ruidosas en forma espontánea y obstinada que ciertos espíritus hacen escuchar.

Fascinación: Se trata de una ilusión creada por la acción directa del espíritu sobe el pensamiento del médium y que paraliza la capacidad ddl médium para juzgar la comunicaciones. El médium fascinado, no cree que le estén enseñando, el espíritu se las ingenia inspirarle confianza ciega que le impide reconocer y comprender lo absurdo de lo que escribe, aunque sea evidente para los demás.

La ilusión que padece puede llegar a que considere sublimes las comunicaciones más ridículas, y este tipo de obsesión puede alcanzar a personas talentosas e instruidas, lo que pueden que tal aberración es el efecto de una causa exterior, cuya influencia están sufriendo , pero las consecuencias son mucho más graves, el espira dirige a la persona a la cual a logrado dominar, cual si fuese un ciego, y puede hacer que adopte las doctrinas más extravagantes, podrá inducirlo a adoptar comportamientos ridículas, para llegar a tales fines es preciso que sea un espíritu diestro, astuto y profundamente hipócrita con una máscara de virtud.

Los elevados conceptos de caridad, humildad y amor a Dios, son para él como un creo falso. No obstante, a través de ellos deja entrever signos de superioridad, que hay que estar fascinado para no advertir, por eso siempre intentan apartar al médium de personas que ven con demasiada claridad para que no puedan abrirle los ojos.

Subyugación: Atadura u obsesión que paraliza la voluntad de quién lo padece, es decir, la víctima se encuentra como sujeta a un verdadero yugo. Puede ser moral o corporal.

En el primer caso, el médium es llevado a tomar decisiones muchas más absurdas y que él cree sensatas.

En el segundo caso, el espíritu actúa sobre los órganos del cuerpo y provoca movimientos involuntarios, en el médium escribiente la subyugación se traduce en el deseo incesante de escribir aún en los momentos más inoportunos,  falta de pluma y lápiz simulaban escribir con el dedo en cualquier parte.

La subyugación corporal va incluso más lejos, la persona se siente presionada a realizar movimientos bruscos, ridículos…

Antiguamente se daba el nombre de posesión al dominio ejercido por los malos espíritus, posesión sería para nosotros sinónimo de subyugación.

Para nosotros no existen poseídos o posesos en el sentido vulgar, tan solo obsesionados u obsesos, a demás de subyugados y fascinados.

Características de la obsesión

  1. Persistencia de un espíritu en comunicarse por fuerza, mediante escritura automática, la médium ida auditiva, oponiéndose a que otros espíritus puedan hacer lo propio.
  2. Ilusión que a pesar de la inteligencia del médium, impide reconocer a éste la falsedad y ridiculez de los mensajes que recibe.
  3. Creencia del médium en la infabilida de en la identidad fidedigna de los espíritus que se comunican bajo nombres venerables y que expresan conceptos falsos.
  4. Aceptación por parte del médium de los elogios que le dispensan los espíritus que por su intermedio se comunican.
  5. Tendencia del médium a distanciarse de las personas que pudieran darle opiniones útiles.
  6. Enfado del médium por las críticas que se hacen a sus comunicaciones.
  7. Necesidad de escribir sin tregua y de forma inoportuna.
  8. Todo constreñimiento físico que enseñoree sobre ,a voluntad del médium y le fuerce a hablar u obrar contra un deseo.
  9. Ruidos y trastornos persistentes entorno al médium.

Causas

Los espíritus  influido de una manera y otra forma sobre la humanidad, el don mediúmnico es para ellos solo un medio para manifestarse. A falta de dicha facultad lo hacen de muchas maneras, no sólo por las manifestaciones escritas o verbales.

La médiumnidad es el medio para darse a conocer el espíritu que es, si es un espíritu malo lo reconoceremos cara a cara, en cambio si el hombre no dispone del don mediumnico, el daño puede ser mucho mayor.

Medios de combatirlo

Intentar conversar con el espíritu de forma firme, severa, pero a la vez benévola. La paciencia, el amor y la autoridad moral, la oración y por supuesto aportar a los Mediums de las actividades médiumnidad . Tan pronto se comprueban que son nocivas, las imperfecciones del obseso, son muchas veces impedimento para su liberación, solamente con el cambio moral, se pueden tener grandes logros, porque los buenos espíritus se aproximarían y en un arduo trabajo habría más acercamiento al enfermo.

La oración, el cambio moral, el pensamiento digno y las lecturas adecuadas para subir el estado vibratorio harán factible la curación y la protección de los buenos espíritus.

 

Resúmenes y conclusiones: Libro de los Mediums

abril 3, 2016

primavera-floresCapítulo VI

MANIFESTACIONES VISUALES

Los espíritus se pueden tornar visibles especialmente durante los sueños, y también más raramente en el estado de vigilia. Lo puede hacer cualquier tipo de espíritu pero no siempre tienen el permiso, o la voluntad de hacerlo.

A veces lo hacen espíritus con mala intención, con el objetivo de asustar y en muchas ocasiones la de vengarse. Para los encarnados significa una prueba y lo que aparentemente es malo, el resultado puede ser bueno. Es una demostración que no todo muere con el cuerpo físico y que el alma conserva su individualidad después de la muerte. Otras veces lo hacen espíritus benévolos, con el objetivo de consolar a las personas, demostrarles que están cerca de ellas; dar consejos y en ocasiones pedir ayuda para ellos mismos.

Para los que vivimos en el mundo físico, el verlos continuamente podría perturbarnos y en cierta manera coartar nuestra libertad. Se puede establecer un diálogo con el espíritu que se aparece. Preguntándole quién es, qué desea y si podemos hacer algo por él. Si se trata de un espíritu que sufre nuestro consuelo lo podrá aliviar. La comunicación con estos espíritus se hace casi siempre a través del pensamiento.

Las personas que se nos aparecen en los sueños, casi siempre se trata de las mismas personas con las que nos reunimos en el mudo espiritual. Desde aquí no podemos tener noción de muchos de ellos, encontrando conocidos íntimos de hace mucho tiempo o de hace poco, de los cuales no tenemos ni idea quienes son en el estado de vigilia.

Cuando nos hallamos enfermos los lazos materiales se aflojan un tanto, debido al debilitamiento del cuerpo. Por ello podemos entrar en comunicación con los espíritus con mayor facilidad.

Las manifestaciones visuales de espíritus son más frecuentes y generales de lo que se pueda pensar.  Muchas personas no lo confiesan por temor al ridículo, y otras lo atribuyen a una simple ilusión de los sentidos. La mayoría de estas apariciones son durante el día y no durante las horas nocturnas, como podría pensarse.

La visión de los espíritus se produce en condiciones completamente normales. Aunque hay personas que los ven que se hallan en un estado cercano al éxtasis, otorgándoles una especie de doble vista. Hay que tener en cuenta que en realidad no se ven con los ojos, se ve con el alma.

Un espíritu que se quiera hacer visible, se rige por el mismo principio que para todas las manifestaciones, se debe a las propiedades que posee el periespíritu, el cual es susceptible de experimentar diversas modificaciones, a voluntad de él. Mediante la combinación de fluidos se produce en el periespíritu una disposición especial, que no tiene analogías para nosotros, y que lo hace perceptible.

Los espíritus pueden causar impresión al tacto, dejar huellas de su presencia e incluso, en ciertos casos, tornarse momentáneamente tangibles, lo que prueba que entre ellos y nosotros existe materia.

La facultad para ver los espíritus cuando estamos despiertos, depende del organismo, de la mayor o menos facilidad que posea el fluido del médium para combinarse con el del espíritu. No basta con la voluntad del espíritu para hacerse visible, hace falta la aptitud necesaria en la persona a la cual desea manifestarse. Esta facultad de ver en forma general y habitual a los espíritus es excepcional y no está dentro de las condiciones normales del ser humano.

Las apariciones se presentan con una forma vaporosa y diáfana, en ocasiones vaga e indefinida, a menudo, y en los primeros instantes, como una luz blanquecina cuyos contornos se van dibujando poco a poco. Otras veces las formas se acentúan con claridad. Los modales y el aspecto son similares a los que tenía el espíritu cuando estaba encarnado. El espíritu se muestra con la apariencia más adecuada para que lo reconozcan, si ese es su deseo. Se observara más claramente la cabeza, tronco, brazos y las manos. A los que conocimos durante su encarnación, normalmente se presentarán con las ropas que solían usar o que más les gustaban.

Los espíritus Superiores poseen una fisonomía bella, noble y serena. Mientras que los inferiores tienen algo de feroz y bestial, incluso se pueden presentar de forma animalizada.

ENSAYO TEÓRICO SOBRE LAS APARICIONES

Las apariciones pueden darse durante el sueño y en la vigilia. Durante el sueño, que son las visiones, se puede tener una visión actual del presente, una visión retrospectiva del pasado o de lo que está por acontecer. Pero las apariciones propiamente dichas tienen lugar en el estado de vigilia y cuando uno goza de la plenitud y entera libertad de sus facultades.

Al poder tomar todas las apariencias, el espíritu se presenta bajo aquella que mejor puede darle a conocer si tal es su deseo. Los espíritus elevados y que no están vinculados al ámbito terrestre muestran una figura bella, noble y serena. Mientras que los espíritus inferiores generalmente se presentan con la apariencia que llevaban en la última encarnación. Los más inferiores tienen algo de feroz y bestial, y pueden llevar señales de crímenes cometidos o de tormentos sufridos.

Los médiums videntes los pueden ver deambular entre los grupos de los vivos e interaccionar con ellos. Los espíritus buenos sugieren a los vivos ideas positivas, influyen adecuadamente o consuelan. En cambio, los espíritus inferiores intentan confundir y ridiculizar.

El espíritu se puede llegar a aparecer hasta con todas las apariencias de un cuerpo sólido, hasta producir una ilusión de tener delante de sí un ser corporal. No obstante, los hechos de apariciones tangibles son los más raros.

Por su naturaleza y en su estado normal, el periespíritu es invisible, pero puede sufrir modificaciones que le hagan perceptible a la vista. Por condensación, el periespíritu adquiere las propiedades de un cuerpo sólido y tangible, pero puede instantáneamente volver a su estado etéreo e invisible por propia voluntad.

Esta modificación del periespíritu se opera por una combinación afín con el fluido propio del médium, aunque esta combinación no siempre es posible, lo que explica por qué la visibilidad de los espíritus no es siempre posible. También es necesario que el espíritu tenga permiso de hacerse visible a tal o cual persona.

Otra propiedad del periespíritu es la penetrabilidad, es decir, que puede atravesar cualquier cuerpo sólido.

Las apariciones en estado de vigilia no son ni raras ni nuevas, ya que las ha habido en todos los tiempos. Son frecuentes sobres todo en los casos de muerte de personas que vienen a visitar a sus parientes o amigos. Son atraídos por la simpatía.

Existen ilusiones o efectos de óptica que han dado lugar al sistema de los espíritus glóbulos. Semejantes ilusiones no pueden ser otra cosa que el resultado de una observación incompleta, ignorante y atrevida sobre las apariciones de los espíritus, que hacen más mal que bien entre los incrédulos. El periespíritu es el principio de todas las manifestaciones. Su conocimiento ha hecho avanzar enormemente a la ciencia espírita, siempre por conducto de los mismos espíritus.

TEORÍA DE LA ALUCINACIÓN

Las personas que no admiten el mundo invisible lo explican con la palabra “alucinación”. Una alucinación es una percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo, pero la persona lo siente como si fuera real.

Aunque todavía no lo han explicado, lo quieren hacer por las leyes de la materia, y da igual que fuera buena o mala, ya que al menos seria una explicación.

La causa de los sueños se atribuye a la imaginación, pero no se nos dice qué es la imaginación, se dice que son recuerdos que tenemos de la víspera. Sólo el espiritismo nos podría dar la llave de éste fenómeno.

Sí la alucinación es real o no, es un tema que se debería de explicar también. Sí nos dieran una explicación fisiológica se vería si la teoría resolvía todos los casos sin omitir apariciones de personas en el momento de la muerte por ejemplo. Sí fuera un hecho aislado se diría que es una casualidad.

Un Espíritu bajo envoltura semimaterial puede usar cualquier clase de forma para manifestarse (con alas, cuernos, etc.). Desde los sentidos el Espíritu puede ver lo que no veía con los ojos, en algunos casos pueden ser visiones o un efecto de la vista de algunos objetos que hemos dejado en el cerebro. El Espíritu desprendido ve en el cerebro esas señales.

La variedad y la mezcla forman conjuntos extravagantes que casi se borran inmediatamente aun que se hagan esfuerzos para retenerlos. Es un hecho que la memoria es el resultado de las impresiones conservadas por el cerebro. Cuando las imágenes llegan al cerebro por los ojos, dejan en él una impresión y hace que lo recordemos como si tuviéramos un cuadro delante.

El alma ve en el cerebro las imágenes, sobre todo las que más le han afectado según las preocupaciones o las disposiciones del Espíritu.

En estado normal, suelen ser imágenes fugitivas porque el cada parte del cerebro funciona libremente, pero en estado de enfermedad, el cerebro está más o menos debilitado y el equilibrio no existe entre todos los órganos, por eso algunas imágenes no están borradas como en el estado normal. Esa es la verdadera alucinación y la primera causa de las ideas fijas.

TEXTO PARA EL ESTUDIO “EL DESASTRE DE ACELINO”

febrero 6, 2016

LOS MENSAJEROS

CAP. VIII “El desastre de Acelino

Dr_Andre_Luiz_smallIba a dirigirme a Octavio nuevamente, cuando alguien se aproximó y habló al ex médium, con voz fuerte:

–No llore, querido mío. Usted no está desamparado.

Además, puede contar con la devoción materna. Vivo en peores condiciones, pero no me faltan esperanzas. Sin duda, estamos en bancarrota espiritual; no obstante, es razonable que aguardemos, confiados, por un nuevo préstamo de oportunidades del Tesoro Divino. Dios no está pobre.

Sorprendido, me volví pero no reconocí al recién llegado.

Doña Isaura tuvo la gentileza de presentarnos.

Estábamos ante Acelino, que había compartido una experiencia similar.

Mirándolo con tristeza, Octavio sonrió y advirtió:

–No soy un criminal para el mundo, pero soy un fracasado para Dios y para Nuestro Hogar.

–No obstante, seamos lógicos –contestó Acelino, que parecía más valeroso–, usted perdió la partida porque no jugó, yo la perdí jugando desastrosamente. Sufrí once años de tormento en las zonas inferiores. Su situación no mereció esa medida drástica. Pero, a pesar de todo, confío en la Providencia.

En ese instante, intervino Vicente, agregando:

–Cada uno de nosotros tiene su propia experiencia. No todos ganan en las pruebas terrestres.

Y volviéndose de modo especial, hacia mí, adujo:

–¿Cuántos de nosotros, los médicos, no hemos perdido lamentablemente en la lucha?

Después de concordar, trayendo como ejemplo mi propio caso, objeté:

–Pero, sería muy interesante conocer la experiencia de Acelino. ¿Habría sufrido la misma desgracia que Octavio? Estimo de gran aprovechamiento penetrar en esas lecciones. En el mundo yo no comprendía bien lo que fuesen tareas espirituales, pero aquí nuestra visión se modifica. Hay que pensar en nuestro futuro eterno.

Acelino sonrió y adujo:

–Mi historia es muy diferente. La caída que experimenté presenta diversas características, a mi manera de ver, mucho más graves.

Y, atendiendo nuestra expectativa, prosiguió narrando:

–También partí de Nuestro Hogar, a finales del siglo XIX, después de recibir valioso patrimonio instructivo de nuestros asesores. Me fui, enriquecido de bendiciones. Una de nuestras beneméritas Ministras de Comunicaciones presidió, en persona, las medidas atinentes a mi nueva tarea. No faltaron providencias para asegurar la salud de mi cuerpo y el equilibrio de la mente.

Después de formular grandes promesas a nuestros mayores, partí al servicio de nuestra colonia, hacia una de las grandes ciudades brasileñas. El casamiento estaba en mi derrotero de realizaciones.

A Ruth, mi devota compañera, le incumbiría colaborar conmigo para el mejor desempeño de las tareas.

Cumplida la primera parte del programa, a los veinte años de edad fui llamado a la tarea mediúmnica, recibiendo enorme amparo de los benefactores invisibles. Recuerdo aún la sincera satisfacción de los compañeros del grupo doctrinario. La videncia, la audición y la psicografía, que el Señor me había concedido, por misericordia, constituían decisivos factores de éxito en nuestras actividades. La alegría de todos era insuperable.

Pero, a pesar de las lecciones maravillosas de amor evangélico, me incliné a transformar mis facultades en fuente de renta material.

No me dispuse a esperar los abundantes recursos que el Señor, después de dar testimonios en el trabajo, me enviaría más tarde, y provoqué, yo mismo, la solución de los problemas lucrativos.

¿No era mi servicio igual al de otros? ¿No recibían los sacerdotes católicos romanos la remuneración de trabajos espirituales y religiosos? Si todos pagábamos por servicios prestados al cuerpo, ¿qué razones existirían para rechazar el pago por servicios prestados al alma? Amigos, inconscientes del carácter sagrado de la fe, aprobaban mis conclusiones egoístas.

Admitíamos que, en el fondo, el trabajo esencial era de los desencarnados, pero también había colaboración mía, personal, como intermediario, por lo que debía ser justa la retribución.

En balde, se movilizaron los amigos espirituales aconsejándome el mejor camino. En vano, compañeros encarnados me convidaban a la oportuna reflexión. Me aferré al interés inferior y me planté en mi punto de vista. Me pondría a trabajar definitivamente sólo para los consultantes. Fijé el precio de las consultas, con bonificaciones especiales a los pobres y desvalidos de la suerte, y mi consultorio se llenó de gente. Se despertó enorme interés entre los que deseaban la mejoría física y solución para los negocios materiales. Gran número de familias ricas me tomó como su consultor habitual, para todos los problemas de la vida. Las lecciones de espiritualidad superior, la confraternidad amiga, el servicio redentor del Evangelio y las exhortaciones de los emisarios divinos quedaron distantes. No más esfuerzo por implantar la escuela de la virtud, del amor fraternal, de la edificación superior, ahora, era la competencia comercial, las relaciones humanas legales o criminales, los caprichos apasionados, los casos policiales y todo un cortejo de miserias de la Humanidad, en sus experiencias indignas. El ambiente espiritual que me rodeaba se transformara completamente. A fuerza de rodearme de personas criminosas, por cuestiones de ganancia sistemática, las bajas corrientes mentales de los inquietos clientes me encarcelaban en una sombría cadena psíquica. Llegué a cometer el crimen de burlarme del Evangelio de Nuestro Señor Jesús, olvidando que los negocios delictuosos de los hombres de conciencia viciosa cuentan igualmente con entidades perniciosas, que se interesan por ellos en los planos invisibles. Y transformé la mediumnidad en fuente de pronósticos materiales y de avisos indignos.

En ese momento, los ojos del narrador se enrojecieron súbitamente, estampándosele un fondo de horror en las pupilas, como si ellas estuviesen reviviendo atroces dilaceraciones.

–Pero la muerte llegó, mis amigos, y me arrancó de la fantasía –prosiguió con gravedad. Desde el instante de la gran transición, la ronda obscura de los consultantes criminosos, que me habían precedido en la tumba, me rodeó reclamando pronósticos y orientaciones de naturaleza inferior. Querían noticias de sus cómplices encarnados, de resultados comerciales, de soluciones atinentes a relaciones clandestinas.

Grité, lloré, imploré, pero estaba encadenado a ellos por siniestros hilos mentales, en virtud de la imprevisión en la defensa de mi propio patrimonio espiritual. Durante once años consecutivos, expié las faltas, en medio de ellos, entre el remordimiento y la amargura.

Acelino se calló, pareciendo, dadas sus abundantes lágrimas, aún más conmovido. Profundamente sensibilizado, Vicente consideró:

–¿Qué es eso? ¡No se atormente así!. Usted no cometió asesinatos, ni alimentó la intención deliberada de esparcir el mal.

A mi modo de ver, usted se engañó, también, como tantos de nosotros.

Pero, Acelino enjugó el llanto y respondió:

–No fui un homicida ni un ladrón vulgar, no mantuve el propósito íntimo de herir a nadie, ni ultrajé hogares ajenos, mas, yendo a los círculos carnales para servir a las criaturas de Dios, nuestros hermanos en humanidad, auxiliándolos en el crecimiento espiritual con Jesús, tan sólo formé viciosos en la creencias religiosas y delincuentes ocultos, mutilados de la fe y minusválidos del pensamiento. No tengo disculpas, porque tenía el conocimiento; no tengo perdón, porque no me faltó la asistencia divina.

Y, después de una larga pausa, concluyó gravemente:

¿Pueden evaluar la extensión de mi culpa?

La Mediumnidad como herramienta de Evolución”

diciembre 19, 2015

Seminario ofrecido por Carlos Campetti en el XXII Congreso Espírita Nacional, celebrado los días 6, 7 y 8 de diciembre.

La Desobsesión 4ª Parte

noviembre 29, 2015

La Desobsesión 3ª Parte

octubre 27, 2015